Cuántas palabras para acabar con la esperanza que llevas a cuestas. Un sí, no, que tal vez y quizás. Comienzas a quedarte muda, sentir la desesperación por dentro, el vacío carcomiendo entrañas y alguna caricia que no debe acariciar. Gusanos y pájaros, alguna hormiga en el suelo. Gritas, callas y vuelves a gritar; desearías iniciar, acabar o perderte en el más allá. Te muerdes los labios para no llorar, cierras los ojos, el viento golpea, te ensordece. Cuantas palabras que ya no dirás. Se acabó. Hasta aquí llegó. Tanto, tanto y entonces terminó. El final, tres estrellas, un c´est fini, mon amour. La ironía, el reflejo, ¡que él ni se dé cuenta de ello! Una rosa, el brillo en los ojos, la sonrisa esbozada no es para ti. Quisieras, ansías, ¡deseas! La burbuja se rompe, la cabeza contra el suelo, mil trocitos y ninguna ilusión. Verborragia, tozudez, si supiera el mal humor que te causa, casi como el amor que vomitas cada vez que lo ves. Si supiera como te puede, domina, intoxica, embriaga y mata cada vez que te ve. Su cuerpo, el tuyo, calidez y deseo; los labios, la lengua, paladar y saliva. Los brazos, las manos, tu piel en su piel, debajo de tus uñas y el deseo desfallecer. Abres los ojos, el mundo gira. Y tú, como pendeja, soñando otra vez.
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