[ autocensura ]

Entradas clasificadas como ‘♥’

Helpless

Octubre 5, 2008 · 1 comentario

It was too good to be true. La sonrisa en los labios, el cosquilleo en mi piel al sentir tu piel. Esos ojos radiantes, todo es tan desechable. Tan temporal. And I try to understand, but I cannot make myself. I see you, I see you, and I desperately try to love you, attempt to love you. Y tú cierras todas las puertas, te alejas, me queda el silencio y la memoria de nuestros momentos. Quizás la felicidad no está hecha para mi, maybe you aren´t made for me. And it fails, whatever we feel, hope breaks and shatters. No existe nada, y yo te espero. I wait for you day and night, without sleep, shower, or bed. Con deseos, ansias y ganas de tenerte. ¿Es tan malo quererte a todo momento? Ser tu dueña, eso que te consuela, the reason you wake up every day and shine. Y no estás, y me pregunto si volverás. If my arms will get to caress you another time, to call you mine once again. No apareces, no apareces, no apareces. You are gone, far and lost. And I wish… but it´s not.

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Arambel VI

Febrero 1, 2008 · Dejar un comentario

III

“Parecías feliz cuando nos derretiamos juntos a la orilla del mar”
Umibe
- L’ Arc en Ciel -

Parecías feliz cuando nos derretíamos juntos a la orilla del mar. Quien se iba a imaginar lo que tomaría lugar cuatro meses después. Me gusta pensar que ahí dónde estás alguna vez me puedes mirar. Que esto no se acaba, aquí no termina. Se oculta entre la noche y el día tu sombra, me esperas debajo de un árbol, entre el viento que susurra mil veces mi nombre. Tocas mi cabello, envuelves mis manos y yo desfallezco. Quiero ser tu compañero, hacerte compañía ahí donde estés. Que el amor no se muere, y nuestra historia no se eclipsa. Mis pies caminarán sobre las brasas, atravesaré mil infiernos y descubriré tu mirada. Esa sonrisa, tu forma de andar. Recuperaré lo que decía, el sonido de tu voz. Me perteneces, jamás me alejaré de ti. Parecías tan feliz, y entonces te marchaste, dejaste un vacío y mi hueco consumir.

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Nada más

Diciembre 23, 2007 · Dejar un comentario

“es que amo tu sonrisa, y lo demás no me hace falta”
- Bersuit Vergarabat

No necesito de ti más nada. No quiero un “te amo”, o alguna caricia. Me conformo con una simple mirada tuya, el saber que estás bien y escuchar tus risas en mi piel. No necesito, ni deseo más que eso. Tus gritos, enojos y sinsabores me importan poco. Me es indiferente tu rutina, tu día a día y las historias que puedas contarme. No me hace falta enterarme de tu último debate, que par de zapatos te compraste o por que discutiste en el trabajo. Tu vida no me importa. Tus pérdidas, victorias, que no me importa. Que me da igual. Me tienen sin cuidado tus palabras, lo que has hecho o con quien has estado. No quiero saber nombres, ni entrar en detalles. De tu cama, de tus manos, de tus labios, mejor quédate callada. En silencio, no digas una sola palabra. No me cuentes, no compartas. Dame tú un poquito de ti, de esas manos y esa boca, en tu cama, es mejor que nada. No me digas, no me cuentes, no compartas. No hace falta.

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Arambel V

Diciembre 23, 2007 · Dejar un comentario

II

“We each owe a death – there are no exceptions – but sometimes, oh God, the Green Mile seems so long.”
The Green Mile

Detrás de las cortinas el anciano observa el amanecer. ¿A cuantos ha visto caer? Y este día no será distinto al resto, tener que cargar con el vacío de aquellos que se fueron, con sus huecos e incertidumbres. Dicen que la vida es un regalo que debe ser valorado, pero, por Dios, la muerte también lo es. Si no lo fuera, no estaríamos todos terriblemente condenados a ella. La vida no es tan mala ni tan buena, sólo se acaba. Y lo que después pase a él no le importa, pero agradecería un poco de serenidad. Cerrar los ojos y no pensar, dejarse llevar. Quizás regresar a su juventud. Alguna vez leyó que cuando morimos, los seres humanos vamos a parar en ese momento de nuestras vidas donde fuimos más felices. Tal vez eso sea el cielo, y él no conoció otro mas que el tibio regazo de su esposa. Como le gustaría, siquiera soñar, que eso es verdad.

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Fantasma

Diciembre 10, 2007 · 2 comentarios

“¿Cuántos años quieres tener cuando mueras?” El silencio reinó en la habitación, sólo la respiración pesada de quien estaba postrado en la cama se sostenía. Él, con sus ojos azules, tranquilo, esperaba la respuesta de su hijo menor. Su hijo menor, tan distinto a él, tantos años menos y sin embargo, tan doblegado. Los padres jamás deberían morir.

“Setenta” apenas dijo con un leve suspiro. Los ojos miel llenándose de lágrimas. Su padre ahí, y él sin poder hacer nada. La vida agriándosele, y él sin hacer nada. Los ojos azules brillaron, una mueca semejante a la sonrisa. El esfuerzo le dolía.

“Cuando tengas setenta, y te encuentres como yo, sólo vas a querer una cosa: quince años más.” Porque la vida no es nada, y te das cuenta que la tienes justo cuando está caducada. Luchas entonces por cada bocanada de aire, y que ni el cielo o la tierra te arrebate ese derecho. Hasta la muerte, por la vida.

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Arambel IV

Diciembre 10, 2007 · 2 comentarios

I

“Tu vacilante voz resuena en mi cuerpo, tanto que no puedo respirar”
Kaze no Yukue (Destino del viento)
- L’ Arc en Ciel -

Tu vacilante voz resuena en mi cuerpo, tanto que no puedo respirar. El paso del tiempo lo llevo en mi pecho, contando hasta los segundos para llegar a esa fecha. Tú no lo sabes, pero la cuenta regresiva ha comenzado. Me gustaría que lo supieras. Quizás entonces prestarías atención a mi persona y verías lo que tengo para ti, entonces te apresurarías en descubrir el mundo debajo de mi piel. Más allá de mi sonrisa, hay un universo que desea ser advertido por ti. También yo quiero saber el por qué de ese brillo en tus ojos, leer en tus líneas el pasado que has escrito. En mi corazón tengo la ilusión que tal vez algún día tú y yo podamos compartir nuestra historia. Más allá de los sueños infantiles, convertir en realidad una ilusión.

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Última reyerta

Junio 1, 2007 · Dejar un comentario

Publicado en Letralia 176

 

Si quieres morirte, muérete y ya, fue el último consejo de mi madre. Paradójicamente, también fue la primera vez en mis veinte años que la escuché. ¿Por qué comenzar entonces? No lo sé. Siempre fui dueña de mis pasos. A mi madre le producía dolores de cabeza cuando en mi tierna infancia huía de casa. Quizás no nací para vivir recluida, y no hay mayor prisión que el cuerpo humano.

De pequeña soñaba con volar, ser como los pájaros que tienen sus nidos en el nogal frente a mi ventana. Sin embargo, nunca quise ser una paloma. Me parecen demasiado sucias y algo tontas con su arrullo. Yo soñaba cantar como los cenzontles.

Las niñas de mi clase siempre me llamaron loca, he de admitir renuente mi escasa popularidad. Pero yo tampoco las comprendía. A ellas, sus bucles, sus zapatitos de charol y los trajecitos perfectos. El no-me-toques-porque-me-ensucias cuando yo saltaba sobre los charcos persiguiendo ranas y cazando lombrices que terminaban convertidas en dragones.

Y qué decir de las profesoras cuando me señalaban como ejemplo a no seguir. La primera vez que la profesora Conchita lo sugirió me pareció muy extraño. ¿Existirá un ejemplo a no seguir? Pero no importa, si existía, yo lo era.

Ahora que ya no estoy, ¿quién ocupará mi lugar? Me pregunto qué persona será la que se encargue de dirigir un ejército de chiquitines armados con canicas hasta los dientes, o cucarachas para lanzar al almuerzo de las nenas esas que nunca me aceptaron en su mesa. Y las ranas, ¿me extrañarán? Seguro que no, han de estar agradecidas. Ya no hay quien les arranque las patas y les saque los ojos.

Aunque llegué a la bendita adolescencia, nunca dejé atrás mis costumbres. Peleonera, desafiante y aguerrida. Más dolores de cabeza nunca pude producir. Hasta me echaron de casa y me sentí un poquito gorrión. Si entonces mis ojos hubieran visto el futuro reflejado en algún estanque, habría permanecido en el vientre de mi madre, o buscando entre los nidos pidiendo que algún ave me adoptara. No se pudo. Las aves me picoteaban y cada vez deseaba estar más lejos del vientre materno. Mi destino en una noche, y 9 meses después un bebé, ahora, yo ¿cómo lidio con él?

Mi hijo recordará las noches frescas de noviembre y el cantar de los grillos cuando piense en mí. ¡Maldición, de los grillos! ¿Por qué no cantó un ave a la hora de mi muerte? El destino de las personas se marca de tantas maneras, mi hijo adorará las noches en que la luna no asome y falten estrellas. En la completa oscuridad se sentirá junto a mí, y yo ya no escucharé sus berridos. Será todo un hombre. Extrañaré verlo crecer. Pude haberlo ayudado tanto, ser su capitán en los tiempos de guerra, su consejera cuando se trate de ellas. Lo habría hecho reír hasta que le doliera la panza. No lamento mi acción, no me dejaron otra opción. De recuerdo tendrá en mi habitación la tinta carmesí que moja mi cuerpo. Las venas chorreando. Mi madre se sorprenderá cuando encuentre el cadáver tirado en la cama.

El rojo decían que no me favorecía. Válgame Dios, y lo evité tantos años. Esta noche, sin embargo, no. Los críticos de moda seguramente tacharán mi ser cubierto en sangre, vaya usted a saber. Dicen que no me esperan grandes cosas en el más allá, así es que muchas ilusiones ya no llevo. Una cerveza, mi cigarrito y alguna foto de mi hijo.

Junio 2007

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Laberinto

Abril 1, 2007 · Dejar un comentario

Mantener la vista al frente jamás le había resultado tan complejo. Los ve avanzar, y ella sin poder moverse. La oscuridad lo cubre todo, caminos y veredas; detrás, un fuego calienta a las personas que en él se regocijan. Son tiempos difíciles.

Lo que alguna vez fue una ciudad hermosa y próspera ahora caía en pedazos, en trocitos imposibles de restaurar, de componer y volver a pegar. De los cimientos ya no quedaba nada. Los edificios, las casas y hasta el pavimento desaparecía; la tierra lo tragaba. Las cenizas y la bruma nublan los ojos al día, cuando anochece las estrellas no alumbran. Al sol le cuesta tanto salir. Y las personas, las personas vuelven al salvajismo, a la guerra, a la indiferencia. A la soledad. La soledad que es la única constante, no cambia en este mundo resquebrajado. En esta tierra contaminada, invadida por la ansiedad.

Sus padres continúan andando delante de ella, no pueden permanecer ahí. Tienen que salir, huir, escapar de ahí. Ella ahora abandona su hogar, todo lo bello que un día conoció. La luz del sol que ya no emerge. Y atraviesa ese camino pedregoso que alguna vez fue una hermosa calle rodeada por casas, árboles y sonrisas radiantes. De eso ya no queda nada. Un árbol marchito, el desierto, animales salvajes y podredumbre.

Si el mundo jamás fue un lugar justo en el que vivir, este día, en esta época parece sólo un lugar donde morir. Mira hacia atrás por un instante, sólo por un breve instante. Las personas que dejan detrás apilan la madera que encontraron para alimentar el fuego. Cada vez hay menos leña, cada vez hay más frío. Están juntos, con los rostros sucios, la ropa desgarrada, las almas viejas. Están juntos, limpian y trabajan, intentan sobrevivir. Luchan por las escasas esperanzas, las vanas esperanzas de vivir.

Vuelve los ojos al frente de nuevo. Nada, no hay nadie, no hay nada. Sus padres… corazón palpitante, el corazón dejando el pecho, saliendo por la garganta, la garganta hecha un nudo, las manos heladas. Sus padres. Corre, corre con una fuerza desconocida, se deja llevar por la adrenalina. Vuelve al campamento, al fuego, vuelve al lugar ajeno, al lugar de exilio. Vuelve atrás.

“¡Mis padres!” Grita. “Mis padre” murmura, pregunta y pide. Un fantasma, un mal presagio. Nadie responde, ella no existe. Al suelo, pide a la tierra, ¡ábrase la tierra! “Mis padres” De nuevo. Alguien la mira, ojos familiares posándose en ella, ella da firme un paso al frente. Alguien la mira, alguien le habla. Los ojos se ensanchan, se dilatan. Un calor. La calidez en su corazón. Por su pecho, una sombra recorriendo su cuerpo. Ya no siente, ya no duele, ya no existe.

Ya no ve.

Abril 2007

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