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III
“Parecías feliz cuando nos derretiamos juntos a la orilla del mar”
Umibe
- L’ Arc en Ciel -
Parecías feliz cuando nos derretíamos juntos a la orilla del mar. Quien se iba a imaginar lo que tomaría lugar cuatro meses después. Me gusta pensar que ahí dónde estás alguna vez me puedes mirar. Que esto no se acaba, aquí no termina. Se oculta entre la noche y el día tu sombra, me esperas debajo de un árbol, entre el viento que susurra mil veces mi nombre. Tocas mi cabello, envuelves mis manos y yo desfallezco. Quiero ser tu compañero, hacerte compañía ahí donde estés. Que el amor no se muere, y nuestra historia no se eclipsa. Mis pies caminarán sobre las brasas, atravesaré mil infiernos y descubriré tu mirada. Esa sonrisa, tu forma de andar. Recuperaré lo que decía, el sonido de tu voz. Me perteneces, jamás me alejaré de ti. Parecías tan feliz, y entonces te marchaste, dejaste un vacío y mi hueco consumir.
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II
“Escalaré esa colina a tiempo – por la verdad -.
Y cargaré esta cruz sobre mi espalda”
Faith
HYDE
Escalaré esa colina a tiempo – por la verdad – y cargaré esta cruz sobre mi espalda. Jamás debí haber dicho lo que mi corazón quería, esas palabras sólo mías se convierten en cenizas. Les has prendido fuego, tiraste a la basura lo que tenía para dar. El corazón entre agujas se diseca, la sangre abandona, labios que reclaman sabor tuyo salado. Amargura hasta la médula, es el precio que toca pagar. Una vez yo dejé tu corazón, lo puse en el suelo, se quemó. Al volver, me has olvidado, no es lo que un día fue. Sin fe ni esperanza, no creo en un mañana. Se desvanece, el mundo deja de girar. Odio amarte como lo hago, ansiar y querer matar, robarte un beso, desentrañarte. Envenenado, no puedo seguir así. Quisiera apagar las memorias, desecharte. Acabar contigo y volver a surgir. No sé como seguir, este día carmesí. Un segundo, un instante, intentar cada día, empezar a vivir.
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I
“Una piel fría y el viento de la calle de luces rotas”
Taion
- Gazzette -
Una piel fría y el viento de la calle de luces rotas. La lluvia se cuela, mi abrigo se empapa, no queda nada que me cubra ya. Camino por la senda que tantas veces transitamos juntos, la luna llena me observa. Tu luna, que donde estás se aparece, me dice tu nombre, te cuenta de mi. De lo desgraciado que soy sin ti, oscuro septiembre manchado de otoño. Las hojas cayendo, la plaza vacía. Alguna puta en la esquina, los coches pasan, la examinan, se van de largo. Me recuerda un poco a ti. Tiene una sonrisa agria, como si supiera de qué va la vida y no existiera un secreto imposible de discernir. Cuantos hombres en su cama, desventuras y relatos. No hay lugar más cómodo y seguro que el vientre de una mujer. Por eso me gustabas tanto, eras un misterio conocido. Sabido, recorrido de palmo a palmo, hasta la punta de los pies y dentro, no había parte de ti que yo desconociera. Tu mirada me embriagaba, el deseo extasiaba y no podía contenerme. Ella es como tú, provocativa y sabia. Mujer de mundo, cruel, desbandada. No te importaba nada de lo que sucedía, para ti la rutina, el trabajo y la vida no existían. Reías, y eso era el universo que veías. Tu luna, con la que soñabas, esa luna que ansiabas tocar. Esa era tu realidad, la noche, mujer noche. Entre sueños y flaquezas, moribundo me has dejado. Tu abandono cala al cuerpo, la lluvia se derrama, me moja por dentro, lava mi memoria e intenta desprenderte. No lo consigue, me derrumbo. Ella me ve, esa puta se compadece de mi, me daría su mano pero el trabajo se lo impide. Es malo para el negocio. Igual que tu, lo mismo que para ti. Yo me quedo solo, la lluvia no escampa, no hay vuelta atrás. Y desearía tenerte, darte la vuelta y hacerte mía.
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