I
“Tu vacilante voz resuena en mi cuerpo, tanto que no puedo respirar”
Kaze no Yukue (Destino del viento)
- L’ Arc en Ciel -
Tu vacilante voz resuena en mi cuerpo, tanto que no puedo respirar. El paso del tiempo lo llevo en mi pecho, contando hasta los segundos para llegar a esa fecha. Tú no lo sabes, pero la cuenta regresiva ha comenzado. Me gustaría que lo supieras. Quizás entonces prestarías atención a mi persona y verías lo que tengo para ti, entonces te apresurarías en descubrir el mundo debajo de mi piel. Más allá de mi sonrisa, hay un universo que desea ser advertido por ti. También yo quiero saber el por qué de ese brillo en tus ojos, leer en tus líneas el pasado que has escrito. En mi corazón tengo la ilusión que tal vez algún día tú y yo podamos compartir nuestra historia. Más allá de los sueños infantiles, convertir en realidad una ilusión.
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Niji
“Es tiempo de tocar una melodía desbordante
Con una voz transparente,
Comenzare a caminar hacia tus ojos
Mientras continúa un futuro interminable.
El corazón en verdad es frágil
Es un corazón que se rompe
Mojándonos en la caída de la lluvia
Si te detienes nuevamente
Es porque creemos en ti.
Si se quiere ser grande, es solo cerrando el cielo
Guardando el resplandor y aspirando a la luz
No me importa aun si nos cubre el calor”
- L’Arc~en~Ciel
Al estrellar su corazón contra el suelo, los cientos de trocitos de cristal carmesí se perdieron en la superficie de la tierra. Se transformaron en agua, tomaron vida. Primero renacuajos y después pájaros. Más tarde, seres humanos. La tierra se labraba, las ventiscas luchaban contra el mar y el mar contra las montañas. La sal en el cuerpo, emergieron del fondo oceánico, muchas manos, cabezas y pies. Así surgió la vida, y dos mil años después, también así se muere. Corazones estrellados contra el suelo que se fragmentan en miles de millones de partículas cristalizadas que se van al mar o al fuego, pero se acaba. Es nula la esperanza, la magia se nos apaga. La mirada cada vez más hueca, si observas a través de ella. A pesar de todo, o quizás por esto, existen unos cuantos que aún miran hacia el mar. Cierran los ojos, y el cielo se aparece. Les canta al corazón, susurrándoles muy despacio que no dobleguen su amor. Porque una vez alguien dio su corazón, no se necesitan más sacrificios, sino sonrisas. Es la ley de la vida. No mirar atrás, seguir con los pies hacia un futuro incierto.
Creyendo.
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